No queremos más mujeres maltratadas, no queremos más mujeres asesinadas

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Artículo de Ma Àngels Viladot, publicado en diario.es

El 25 de noviembre de cada año es el Día Internacional contra la violencia a las mujeres y las niñas, o lo que es lo mismo, contra la violencia machista. El clamor es desde hace demasiados años el mismo. Se eligió esta fecha en recuerdo y homenaje de tres hermanas asesinadas en Santo Domingo, el siglo pasado. Este año, como cada año desde entonces, las mujeres han salido a la calle, se han hecho homenajes y actos para recordar a las que, como las tres hermanas asesinadas, han perdido la vida por el hecho de ser mujeres. Para recordar tantas mujeres maltratadas por violencia machista y tantos niños que, directa o indirectamente, sufren las consecuencias. Es, por tanto, un día triste. Un día en que la reivindicación va ligada al sentimiento de tristeza. Por de pronto, en Cataluña 6 mujeres asesinadas en lo que va de año. Y una de cuatro mujeres ha sufrido un ataque machista. En España en los últimos 10 años han sido asesinadas más de 800 mujeres. Una de cada ocho mujeres ha sufrido violencia física y / o sexual por parte de su pareja o ex-pareja. Y una de cada cuatro mujeres son sobrevivientes de la violencia psicológica.

Se dice que no podemos saber con exactitud cuántas mujeres mueren cada año a manos de un hombre que las estadísticas se falsean. Se habla de unas 70 mujeres de media en España. Muchas. Sí sabemos cuántas mujeres presentan denuncias: alrededor de 26.000 en el primer trimestre de 2015 (hay que decir que sólo un 0,01% son falsas), y en Cataluña, 10.918 (un 48% se han hecho por vejaciones y maltratos psicológicos ; un 37% por violencia física y un 2% por violencia sexual de las parejas o ex-parejas). Sabemos cuántas denuncias se retiran por miedo, por vergüenza, por sentimientos de culpabilidad, por creencias erróneas de las mujeres y sabemos del trabajo ingente de la policía, los servicios sanitarios y asistenciales. En concreto, los Mossos han arrestado este año 4.288 hombres por violencia doméstica. La mayoría de los agresores y de las víctimas tienen entre 21 y 51 años.

La violencia machista y una de sus derivaciones, la violencia doméstica, más que un problema social, es un atentado a los derechos humanos más elementales que está presente en todos los países del mundo. Podemos decir sin ambigüedades que estamos ante un problema universal ya que no hay ninguna región del mundo, ningún país y cultura en que se haya conseguido que las mujeres estén libres. Hablamos de muchos millones de mujeres (entre ellas cuento las niñas y las jóvenes menores de 18 años).

Los Organismos internacionales, los Comités dependientes de Naciones Unidas como el Comité para la Eliminación de las Discriminación contra la Mujer (CEDAW) de Naciones Unidas, analizan la realidad y hacen propuestas a los diferentes Estados miembros. Propuestas que deberían ser de obligado cumplimiento. Igualmente como debería ser de obligado cumplimiento el tratado de Estambul cuando recomienda acciones para paliar esta lacra. Una vulneración de los derechos humanos que nos advierte que una de cada tres mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia machista. Que nos dice que 62 millones de mujeres europeas han sufrido violencia a manos de un hombre.

La implicación, como digo, de las Naciones Unidas, también de la Organización Internacional del Trabajo y diferentes ONG con gran capacidad de incidencia internacional, es hoy en día una realidad firme. A pesar de todo el trabajo ingente, la violencia contra las mujeres no sólo persiste visiblemente sino que la contrariedad que suscita su voluntad de libertad y para ser tratadas en la igualdad y el respeto es alarmante. Hay que insistir en que no es un problema de las mujeres, ellas son las víctimas, el problema es sobre todo de aquellos hombres que tienen mentalidad machista y que no quieren aceptar que las mujeres son seres humanos y seres humanos libres.

La exigencia que sale de esta gran preocupación internacional es que los Estados condenen la violencia sin excusas, lo que quiere decir que no defiendan ninguna costumbre, ninguna tradición o consideración religiosa que les permita eludir su obligación de eliminarla. Afortunadamente, el “relativismo cultural” ha queda rechazado; como mínimo, queda en entredicho. Cuando los actos de violencia machista quedan indemnes agravan indefectiblemente sus efectos. Cuando el Estado no castiga a los infractores, la impunidad no sólo intensifica la subordinación y la impotencia de las mujeres que la sufren, sino que, además, transmite a la sociedad el mensaje de que la violencia machista es aceptada e inevitable. El comportamiento violento se convierte así en normalizado.

La violencia hacia la mujer no es consecuencia de actos al azar de mala conducta individual, sino que está profundamente arraigada en relaciones estructurales de desigualdad entre los géneros, hombres y mujeres. Su ubicuidad, es decir, la dominación sistémica de las mujeres por los hombres, es una consecuencia del patriarcado. Acorazado en normas sociales y culturales, lo encontramos incrustado en las economías locales y mundiales; institucionalizado en el derecho y en las estructuras políticas, en las ideologías formales y el discurso público. Según la OMS, los hombres usan la violencia contra las mujeres para disciplinarlas en los roles femeninos tradicionales o cuando perciben amenazada su masculinidad. Cuando una mujer transgrede las normas sociales prescritas y los roles de familia, la violencia ejercida para someterla no es sólo un acto aislado oscuro sino que, en virtud de sus funciones punitivas y de control, lo ejecutan para domarlas y perpetuar su discriminación.

Un estudio reciente realizado por las Naciones Unidas con 4.000 niños y niñas de diferentes países nos muestra que alrededor del 65% de estos niños y niñas están de acuerdo en que “una mujer debe aceptar la violencia para mantener unida a la familia “y un 43% y pico que” hay veces que una mujer se merece ser golpeada “. A los seis años, cualquier niño es capaz de reconocer los roles de género: una ‘buena niña’ es la que escucha y muestra respeto por los mayores, ayuda a su madre y se queda en casa. Un ‘buen niño’, sin embargo, es travieso, tiene muchos amigos para jugar en la calle y no siempre tiene paciencia para escuchar a los mayores.

De modo que la violencia contra la mujer no puede atribuirse únicamente a factores psicológicos individuales ni a condiciones socioeconómicas como, por ejemplo, el desempleo. Las explicaciones de la violencia que pretenden centrarse principalmente en los comportamientos individuales y las historias personales, como el abuso del alcohol o una historia de exposición a la violencia, pasan por alto la desigualdad de género y la subordinación femenina sistémicas . Mientras la mayoría de las mujeres que han sufrido la violencia de su pareja señalan las normas sociales y culturales como factores causales, la mayoría de los hombres la atribuye a las dinámicas interpersonales. Me parece prioritario que, por erradicarla, se destinen esfuerzos en comprender y abordar el contexto social más amplio de las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres.

Me parece que de este horroroso y crónico atentado a los derechos humanos más elementales tenemos que hablar desde todos los frentes y desde todas las perspectivas que se relacionan. De este problema de la violencia machista tenemos que hablar al igual que tratamos y abordamos otras preocupaciones sociales que tenemos. Tenemos que hablar con los compañeros de trabajo, en los momentos de ocio con los amigos, en las escuelas, institutos y universidades, en el trabajo, en los centros de salud y hospitales … Desgraciadamente muchas adolescentes sufren acoso de sus compañeros sentimentales que pretenden controlarlas, controlar sus sentimientos y actividades. Preparémonos a fondo para poder dar argumentos razonados. Hablemos, esforcémonos para tratar sobre qué significa “empatía”, esforcémonos para hablar del control, del poder, de los celos, de las culturas que desprecian a las mujeres.

Las noticias sobre más muertes absurdas en París, Mali, Siria, Túnez … parece que nos han de insensibilizar. Pero no nos lo podemos permitir. Debemos continuar conmocionandonos, debemos continuar indignandonos por tantas muertes inocentes y malos tratos. Tenemos que acabar con esta lacra en una sociedad que, además, se denomina a sí misma moderna y demócrata. De momento sólo se destinan el 0,0103% del total de los presupuestos del estado. Lo que nos indica el poco interés y el poco compromiso, ni ético ni político, que está permitiendo que se maltraten y asesinen a mujeres.

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